Llevo veinticinco años en esto.
Empecé maquillando. Después abrí mi propia escuela presencial. Enseñé a cientos de mujeres. Y durante muchos años pensé que ese era el techo: maquillar más, enseñar más, trabajar más horas.
Hasta que un día hice una cuenta muy sencilla.
Me di cuenta de que lo que ganaba en un día entero maquillando era lo mismo que ganaba en media hora trabajando con una marca.
Un día entero. Contra media hora.
Y no era porque yo maquillara mejor que antes. Era porque había aprendido a cobrar de otra manera.
Desde entonces no he vuelto a maquillar para vivir. Vendí mi escuela presencial. Y hoy vivo del maquillaje sin tocar una brocha por dinero: trabajo con marcas, doy conferencias, creo contenido, formo maquilladoras.
Y aquí viene lo que me duele. Yo formé a muchas de las mujeres que hoy están cobrando veinticinco dólares por un maquillaje. Les enseñé a maquillar increíblemente bien.
Y nunca les enseñé la otra parte.
Eso es lo que vengo a arreglar en esta clase.